Las estrofas I, II, III, IV, V, VI, VIII, IX, XIII, XVI y XVII pertenecen a la primera parte de la obra, en la que Manrique hace una reflexión general sobre la vida, la muerte, el valor de lo terreno, etc, y en la que constantemente se dirige al lector y también utiliza tópicos medievales como Vanitas vanitatis, la fortuna, el poder igualador de la muerte y destacando el Ubi sunt?
Las estrofas XXV, XXVI, XXIX, XXXIII, XXXIV, XXXV, XXXVI, XXXVII y XXXVIII pertenecen a la segunda parte, en la que Manrique elogia a su padre, Don Rodrigo y personifica a la muerte.
La estrofa que usa Jorge Manrique es la manriqueña o copla de pie quebrado, que él mismo dio a conocer, de ahí su nombre. Esta estrofa tiene versos octosílabos y tetrasílabos de arte menor, con rima consonante. La estrofa está formada por doce versos con esquema métrico 8a 8b 4c 8ª 8b 4c 8d 8e 4f 8d 8e 4f.
En las estrofas pertenecientes a la primera parte, Manrique da una visión de la vida como fugaz, aparece el tiempo como destructor y la vida como un río que va a parar a la mar, es decir la muerte. Habla de los placeres de la vida, que pasan rápido y a la larga te hacen sufrir. Dice que siempre recordamos el pasado como algo mejor que el presente porque el tiempo causa estragos. Se encomienda a Jesucristo y se declara poeta cristiano, diciendo así que este mundo es un viaje para pasar al otro, que es eterno, y que debes saber vivir correctamente en este para llegar bien al otro y poder descansar. A pesar de que acepta que existe una segunda vida, le da importancia a la primera explicando cómo de rápido pasa el tiempo y diciendo que lo debemos aprovechar. Aparece el tópico de la fortuna que es la que decide tu suerte y que esta puede cambiar de un día a otro. Todo se pierde después de la muerte, la muerte igualadora. También belleza y la fuerza se pierde con la vejez, y que es donde nadie quiere llegar. Por último aparece el tópico de Ubi sunt?, recordando que las cosas son efímeras y a todos los héroes de las cortes, las damas y doncellas, las danzas y los trovadores… que ya no están porque todo dura muy poco. Es decir una mentalidad teocéntrica y ascética, medieval.
En las estrofas I y VIII se dirige directamente al lector y en todas destaca la naturalidad y sencillez con que están escritas. En la estrofa I hay un paralelismo en “cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte”. En la estrofa III destaca una alegoría de la vida como un río que va a parar al mar, es decir la muerte y que allí llegan igual todos los ríos desde los señoríos, que serían los ricos, los caudales, los medianos y los más chicos, los pobres, que terminan todos igual, “los que viven por sus manos”, los pobres, y los ricos. En la estrofa V hay otra alegoría, la vida como un camino para llegar al otro, en la que hay que saber cómo vivir para llegar bien a la siguiente vida. En la estrofa VIII aparece el tópico de la fortuna, diciendo que todas las cosas que poseemos desaparecen con la muerte para todos de la misma manera. Hay un estilo sentencioso, la personificación de la muerte en la estrofa V, varias anáforas como “cómo… cómo…” “allí… allí…” “de ellas… de ellas…” Y por último una similidicadencia en la estrofa V “nascemos, vivimos, llegamos, fenescemos, morimos, descansamos”
El tópico del Ubi Sunt? Es un tópico latino empleado para demostrar lo efímero de la vida y los bienes terrenales, mencionando personajes poderosos o realidades fastuosas ya desaparecidas. Aparece en las estrofas XVI y XVII y para desarrollar este tópico Manrique elige los siguientes elementos: reyes como el rey Don Juan, los infantes de Aragón, las justas, los torneos, las damas, los vestidos, olores y tocados, la música de los trovadores y las danzas. Realidades de la corte. Utiliza elementos contemporáneos a su época, ya que así puede que se viera que todo eso que nombraba era reciente pero ya había desaparecido porque el tiempo corre muy rápido.
A Don Rodrigo se le atribuyen virtudes características de un noble medieval. De él dice que era amado por la gente, era famoso por ser valiente. Era amigo de sus amigos y un buen señor para sus criados, pero con sus enemigos era como un león. Era un maestro, inteligente y con gracia. Dice que no dejó tesoros ni riquezas pero que ganó todo en la guerra a los moros, aunque perdiera cosas en ella y arriesgara su vida para ello. Es decir era un buen patriota.
Es en las estrofas XXXIV, XXXV, XXXVI y XXXVII en las que se habla de esa “tercera vida” o “vida de la fama”, es una forma de perdurar tras la muerte a través de grandes hechos que permanecen en el recuerdo de los que nos conocieron y nos sobreviven. Se consigue como Manrique cuenta, de acuerdo con su estado cada uno de una forma, los buenos nobles realizando hazañas, el clero teniendo fe entera y confianza, etc.
La muerte aparece invitándolo a dejar este mundo material y a ir a la vida eterna en la será feliz y podrá descansar, lo convence de forma educada diciéndole que perdurará para siempre en la tercera vida y Don Rodrigo acepta respondiéndole que no quiere perder más tiempo y quiere irse ya. Al final narra que murió cercado de su mujer sus hijos, hermanos y criados y que aunque su ida murió les dejó su memoria. La muerte aparece de forma honrada y no violenta como suele aparecer. No le obliga a irse con él desde un principio, sino que le habla con respeto, lo invita y convence con sus argumentos. Don Rodrigo no teme a la muerte, se quiere ir con ella porque sabe que irá a una vida eterna y que muere porque Dios lo ha querido así.
Aparecen elementos medievales como el ascetismo y el teocentrismo, se le da mucha importancia a Dios y a la religión. Las virtudes con las que se elogia a Don Rodrigo son las típicas medievales de los buenos caballeros, también tiene una intención moralizadora ya que explica que debes de saber cómo vivir en esta vida para poder llegar a la segunda, y también dice que la debes aprovechar porque el tiempo corre muy deprisa y se lleva todo con él, al igual que la muerte. Pero también aparecen elementos renacentistas como esa idea de la tercera vida o vida de la Fama que es una forma de perdurar en esta vida tras la muerte, y lo que implica una nueva valoración de la vida terrena que con el ascetismo no era posible.