28.1.12

SI DE NOCHE LLORAS POR EL SOL, NO VERÁS LAS ESTRELLAS.

Iba caminando Daniel por la calle pensando en como decirle a su mujer que le habían despedido. Finalmente, pensó en decírselo directamente, sin darle vueltas. Cuando llegó a casa su mujer estaba en la habitación de los niños poniéndoles el pijama, y se dirigió hacia allí. Salió a su encuentro su hija mayor:

- ¡Papá ya has llegado!

- ¡Hola! ¿Dónde esta mamá?

- Esta cambiando a Juan, ahora va a terminar.

- Vale, venga vamos al cuarto que ya es tarde y tienes que ir a dormir que mañana tienes clase.

Cuando los niños ya estaban echados en la cama y medio dormidos Daniel y su mujer estaban en el salón. Daniel estaba muy tenso y su mujer lo notó.

- Cariño, ¿te pasa algo?

- Erm… no, no…

- ¿Seguro? Nadie lo diría.

- En realidad si… Cariño, me han despedido.

Su mujer se quedó paralizada al principio pero a los pocos segundos le dijo a su marido para tratar de animarlo:

- Daniel, no te preocupes que saldremos adelante. Así ahora podrás pasar más tiempo con los niños, y encargarte de las cosas de casa. Tú no te preocupes, además ahora que tendrás más tiempo podrás terminar ese grado de traducción que te gustaba tanto pero abandonaste por que no tenías tiempo.

- Ya, pero… Y los gastos que tenemos, la hipoteca, la luz, el agua, el colegio de los niños…

- Ya sabes que tenemos ahorros, por que siempre hemos procurado ahorrar para situaciones como estas, y esto no va a durar siempre, pronto encontrarás otro trabajo. Recuerda la historia que nos contaban en el colegio cuando éramos niños.

- ¿Historia? ¿Qué historia?

- ¿No te acuerdas de la historia del pescador? Bueno, pues yo te la cuento:

“Había una vez un ejecutivo paseando por una bonita playa vestido de pies a cabeza de marca cuando se encontró a las dos del mediodía con un feliz pescador que recogía las redes llenas de pescado y amarraba su barca.

El ejecutivo sorprendido se acercó a hablar con el pescador:

- Oiga señor, ¿no es muy pronto para volver de faenar?

El pescador le miró, sonrío, y le dijo:

- ¿Pronto? Yo por hoy ya he terminado mi trabajo y he pescado lo necesario.

- ¿Cómo? ¿Qué ya ha terminado de trabajar? ¿A las dos del mediodía?

El pescador sorprendido, le contestó:

- Mire, señor, yo me levanto a las nueve de la mañana desayuno con mi familia, acompaño a mis hijos al colegio y sobre las diez cojo mi barca y me voy a pescar, así unas cuatro horas y a las dos vuelvo a casa. Como, duermo la siesta y después voy con mi mujer a buscar a mis hijos al colegio, paseamos, conversamos con los amigos, cenamos en familia y nos vamos a dormir felices… Yo con las cuatro horas que trabajo tengo suficiente para vivir sin holguras pero felizmente.

El ejecutivo sorprendido se vio en la necesidad de hacer de consultor del pescador.

- Si me lo permite, señor, le voy a dar un consejo, usted esta cometiendo un error en la gestión de su negocio. Podría sacar mucho más partido a su barco si trabajara más horas.

El pescador le dijo:

- Y eso, ¿para qué?

- ¡¿Cómo que para qué?! Pescaría mucho más, por lo cual sus ingresos serían superiores y en menos de un año podría comprarse otro barco más grande y con un patrón.

- ¿Y yo para que quiero otro barco, y además un patrón?

- ¡¿Cómo que para qué?! Con otro barco y más horas de trabajo sus ingresos aumentarían y podría comprarse otros dos barcos más. Quizá dentro de dos años tenga cuatro barcos, mucho más pescado cada día y mucho más dinero gracias a la venta del pescado obtenido.

- Pero todo eso, ¿para qué?

- ¡Pero hombre! ¿Está usted loco? Así en el plazo de veinte años y reinvirtiendo todo lo obtenido, tendría alrededor de ochenta barcos, mucho más grandes que la barcucha que tiene ahora.

- ¿Y para qué quiero yo todo eso?

El ejecutivo desconcertado le dice:

- ¡Cómo se nota que usted no tiene una visión empresarial, ni estratégica ni nada de nada! ¿No se da cuenta que con todo esos barcos tendría suficiente patrimonio y tranquilidad económica como para levantarse tranquilamente a las nueve de la mañana, desayunar con su familia, llevar al colegio a sus hijos, salir a pescar a eso de las diez y sólo durante cuatro horas, volver a casa para comer, dormir la siesta…

El pescador respondió al ejecutivo:

- ¿Y eso no es todo lo que tengo ahora?”

- ¿Y qué me quieres decir con esto, cariño?

- Que: Si de noche lloras por el sol, no verás las estrellas.

- ¿Cómo?

- Si te lamentas de lo que no tienes, no disfrutas de lo que tienes.

- Quieres decir que el ejecutivo se lamentó por lo que no tenía el pescador creyendo que si aumentaba sus ganancias mejoraría su vida, en vez de disfrutar de lo el pescador tenía, siendo que éste ya era feliz con lo poco que poseía.

1 comentario:

  1. Genial, Alba. Muy bien contada la historia y muy bien traída con la situación que planteas. ¡Enhora!buena

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