Era el primer día de vacaciones de navidad, Michelle estaba en el centro comercial junto a su hermano pequeño, Louis, y sus padres. Como todos los años debía de acompañarlos a hacer las compras navideñas, cosa que odiaba. Odiaba la navidad, y odiaba todo lo que tenía que ver con ella, los adornos, la música navideña, y sobretodo, odiaba que las familias se tuvieran que reunir el día de noche buena y navidad, por obligación, siendo que durante todo el año casi ni se comunicaron, y por el hecho de que sea navidad, todos deban sonreír y quedar bien con los demás, hacer ver que son una familia perfecta. No abandonaba su casa por esos días, solo por su hermano Louis, porque sabía que él disfrutaba en esos días, y pensaba que aunque a ella no le gustaban, no tenía porque fastidiarle la navidad a los demás.
– Vamos Michelle, no te quedes atrás. –su madre la llamaba constantemente porque ella se despistaba con cualquier cosa y se quedaba atrás. Pero ella seguía sin enterarse de nada, escuchaba música en su iPod y no respondía a nada más.-
Andaba cansada, mirando a todos los escaparates y adornos del centro comercial, y cada vez le daban más ganas de irse de allí corriendo. Iba cargada de bolsas, regalos que deseaba dejar tirados en alguna esquina. También llevaba allí su regalo, el último disco de John Mayer, a pesar de que no era alguien que gustaba entre los jóvenes de 15 años, a ella le encantaba. No sabía nada de su regalo, sus padres se lo había comprado a escondidas, ya que ella se negaba a recibir ningún regalo de debajo del árbol.
Iba distraída cuando derepente, y sin querer se chocó con alguien. Todas las bolsas cayeron a suelo, y ella también. Cuando levantó la cabeza, se encontró con un chico moreno, con el pelo rizado y ojos verdes, bastante alto, de unos 16 años.
– ¡Lo siento!, no te había visto, –aquel chico le ofreció su mano para ayudarla a levantarse- deja que te ayude.
– Se levantarme sola, gracias. –Michelle recogió todas las bolsas lo antes que pudo, y se fue casi corriendo-
No volvió a mirar atrás, deseaba salir de aquel cuadro cuanto antes. Entonces aquel chico se dio cuenta de que ella había olvidado por recoger una cosa, e intento seguirla para devolvérselo, pero cuando levantó la cabeza para buscarla, ya se había ido, ni rastro de ella.
Durante los siguientes días, no pudo sacársela de la cabeza, no pudo dejar de preguntarse, quien sería aquella chica de pelo negro y ojos azules. Deseaba verla de nuevo.
Michelle, consiguió encontrar a sus padres y a su hermano que la estaban esperando a la salida del centro comercial.
– ¿Dónde estabas Michelle? –Su padre tenía prisa y estaba impaciente- te llevamos esperando un buen rato.
– Lo siento, me he entretenido viendo unas cosas, y os perdí de vista. – contestó-
Cuando llegaron a casa, Michelle subió a su cuarto. Necesitaba estar sola y alejarse de todo aquello. Decidió llamar a su mejor amiga, Effy. Necesitaba salir y pensar en otras cosas además de en que le esperaban unos días terribles. – ¿Effy? Soy Michelle, ¿te apetece salir a dar una vuelta?
– Lo siento Michelle, hoy van a venir mis abuelos a visitarnos y tengo que estar toda la tarde en casa. ¿Quedamos mañana, vale?
– Si, claro, mañana. Bueno, adiós Effy.
No podía aguantar más en aquella casa, oía villancicos que provenían de la planta baja, donde su madre y su hermano, ponían cada vez, más y más adornos. Así que decidió ir a dar una vuelta, sola. Cogió su abrigo, su gorro, su bufanda, sus guantes, y su iPod por supuesto.
Caminaba por las calles, llenas de nieve, observando a todas las familias poner sus adornos de navidad. Nadie la entendía, era un hecho. Pero lo que más le preocupaba, es que al día siguiente era nochebuena, y toda su familia, se iba a reunir, fingiendo estar felices, después de todo el año sin apenas comunicación. Le aterraba la idea de pasar una noche así. Distinguió a lo lejos el Starbucks más cercano de su casa, al que solía ir con Effy todos los fines de semana, y decidió entrar a tomarse un buen café caliente con nata y caramelo, su favorito.
Estando sentada, vio como entraba un chico, el cual le sonaba bastante. Luego cayó en la idea de que era el mismo, con el que se había chocado por la mañana en el centro comercial. Al verlo se intentó tapar con la carta de cafés que había en la mesa, pero fue inútil, ya la había visto.
– Hola, ¿me recuerdas?
– Si, si, claro que te recuerdo, eres el chico con el que me he chocado esta mañana.
– ¿Me puedo sentar?
– Si, supongo. –aquel chico dejo ver una sonrisa tímida-
– Me llamo Harry, soy nuevo aquí, vivo dos manzanas más allá.
– Hola Harry. Yo estaba aquí, tranquila, intentando alejarme de toda la navidad, hasta que llegaste tú.
–Vaya, no sabía que podía llegar a agradarte tanto mi compañía. –dijo en tono irónico-
– Ni yo, la verdad. Oye, ¿y tu que haces aquí?
– Huir, de mi casa, e intentar distraerme un poco. No me gustan las mudanzas. Oye, ¿te apetecería salir algún día, y así me enseñas esto?
– Si, claro, te llamaré, ahora me tengo que ir. –Michelle se levantó, intentando huir de aquella conversación tan incómoda-.
– Pero espera, no me han dicho tu nombre.
– Adiós, Harry. –Se despidió dejando ver una sonrisa encantadora-.
Durante toda la noche, estuvo pensando en aquel chico, quizá merecería la pena de verdad conocerlo. Sentía verdadera curiosidad, lo deseaba ver de nuevo. Pensó tanto en aquello, que hasta se olvidó que al día siguiente era nochebuena.
Los gritos de su hermano la despertaron a las ocho y media, no pudo seguir durmiendo aunque lo hubiera deseado. Pasó la mañana en su cuarto, encerrada, escuchando música e intentando olvidarse de todo un poco. Llegó la hora de comer, y su familia decidió salir al nuevo restaurante chino que inauguraron hacer poco, a la vuelta de la esquina. No se resistió porque le encantaba la comida china, y además salir por ahí y despejarse suponía dejar aquella casa llena de villancicos y adornos navideños. Llegaron al restaurante, se pidió lo de siempre, arroz tres delicias y una ensalada china con ese pan dulce que le encantaba. Después de comer, volvieron a casa, se acercaba lo peor: preparar todo y absolutamente todo para aquella noche, en la que toda su familia acudiría allí. Se tendría que preparar para los clásicos comentarios de todos los años, como: ‘’¡cuánto has crecido!’’ o ‘’¡que guapa estas!’’ o también ‘’¡mira haber si comes más, que estas igual de flaca que el año pasado!’’. No los soportaba. Por supuesto, no se iba a quedar allí toda la tarde, decidió ir a donde siempre, el parquecito de detrás de su casa al que siempre iba cuando quería estar sola. No solía haber nadie por allí, pero ese día si. Pudo ver una silueta al otro lado del parque, intentó adivinar quien era, pero le resultó imposible. Entonces aquella persona empezó a caminar hacia ella, estuvo a punto de irse corriendo, pero algo le dijo que se quedara quieta. Cuando aquella persona estuvo lo bastante cerca para verle la cara, supo que se trataba de Harry, aquel chico con el que se chocó el día anterior en el centro comercial, y con el que después se encontró en el Starbucks.
– Hola, ¿te acuerdas de mí? – Dijo Harry--.
– Claro que me acuerdo, otra cosa no, pero memoria tengo ¿sabes?
– Me pareció que eras tú, no estaba seguro. ¿Qué haces aquí? –dijo dejando pasar el comentario anterior-.
– Huir de mí casa el día de noche buena, ¿y tú?
– Se podría decir que también, mis padres están insoportables, no aguantaba un minuto más.
Hubo unos segundos de silencio, bastante incómodos para ambos.
– Bueno ¿y que es lo que tienes exactamente en contra de la navidad? –se atrevió a hablar Harry-.
– Bueno, pues básicamente: los adornos, la música navideña, y sobretodo, que las familias se tengan que reunir por obligación, siendo que durante todo el año casi ni se comunican, y por el hecho de que sea navidad, todos deben sonreír y quedar bien con los demás, ¿sabes? hacer ver que son una familia perfecta. No lo entiendo.
– Tienes razón, yo también pienso eso en gran parte. Llega a resultar incómoda tanta muestra de cariño falsa.
Pasaron horas hablando, toda la tarde. Se empezaron a conocer, Michelle descubrió que merecía la pena conocer a las personas y darles una oportunidad. Llegó la hora de irse, se les hizo tardísimo, toda la familia tendría que estar ya en sus respectivas casas, a punto de cenar, y ninguno de los dos estaba allí con ellos. Cuando Michelle llegó a casa su madre le interrogó.
Ella la ignoró, se cambió de ropa, se arregló el pelo como pudo, se maquilló un poco, pero tampoco demasiado, y como pudo bajó las escaleras dispuesta a recibir a toda su familia. Sonreía de vez en cuando, pero no por ser nochebuena, sino por la tarde que había pasado. Finalmente entró en el salón, todos la recibieron con una sonrisa, y como ella había supuesto, con todos esos comentarios absurdos. Cenó, no con demasiadas ganas, deseaba que se acabara ya todo eso. Cuando terminó de cenar, hizo como si no se encontrara bien y le preguntó a su madre si podía subirse un rato a su cuarto a ver si se le pasaba, su madre aceptó, de mala gana. Ella subió rápidamente las escaleras se tumbó en la cama, pero seguía escuchando a toda su familia hablar, gritar, y cantar abajo. Así que decidió escaparse.Bajo sigilosamente las escaleras, y salió haciendo el mínimo ruido posible, como siempre fue a el parque de detrás de su casa, se sentó donde siempre, y se puso a recordar la tarde que había pasado allí, con Harry.
Estaba sumergida en sus pensamientos, cuando alguien le susurró en la oreja.
– ¿Otra vez aquí? –Sí, era Harry-
– Ya ves. –Dejó escapar una sonrisa- ¿Cómo me has encontrado?
– Sabía que estarías aquí. Oye, ¿sabes que aun no se como te llamas?
– Michelle, me llamo Michelle.
– Pues supongo que esto te pertenecerá –Harry le dio un paquete envuelto- se te cayó en el centro comercial, cuando te lo fui a devolver ya habías desaparecido.
–Valla… -Michelle abrió el paquete, era el último disco de John Mayer- Madre mía, esto es perfecto, gracias.
– Bueno en realidad, yo no te lo he comprado.
Derepente comenzó a nevar muchísimo.
– Es el mejor regalo de navidad, que he recibido nunca. –Dijo Michelle-
– ¿El disco? Bueno, tus padres fueron los que te lo compraron.
– No, el disco no.
– Entonces ¿a que te refieres? – Harry, estaba extrañado-
– A ti, a conocerte. –Michelle dejó escapar una sonrisa-
Estuvieron juntos un largo rato. Entonces las campanas de la iglesia sonaron, ya eran las doce.
– Harry – dijo Michelle-
– ¿Si?
– Ya es navidad.
Pasaron unos segundos de silencio, entonces Michelle apoyó su cabeza en Harry, y Harry pasó su brazo por la cintura de Michelle.
– Feliz Navidad, Michelle.
– Feliz Navidad, Harry.











