
26.11.10
Parásitos populares
Ahora comprendo mucho mejor la desesperación de Mariano José de Larra al contemplar a una sociedad española inculta, perezosa, desinteresada y aferrada firmemente a unas costumbres rudas, contraproducentes, y por demás, ilógicas. Muchos aspectos que criticaba en la sociedad de su época han permanecido en el tiempo y siguen merodeando a nuestro alrededor sin que nosotros nos esforcemos por cambiarlos. Son aspectos negativos, que dañan a la imagen firme y seria del país en las relaciones internacionales y que no transmiten ningún valor educativo. Y el peor de todos, el que refleja un desprecio absoluto a la buena educación y al respeto hacia otras personas, el más extendido de todos, son los programas del corazón. En ellos, los ‘’famosos’’ pasan horas discutiendo, criticando, insultando e incluso amenazándose unos a otros. Y el hecho de que esto ocurra deja con la intriga a los espectadores sobre cuál será el final de la disputa sin sentido que ha sido iniciada. No dialogan; se gritan entre ellos. Cuando en el público se oye un clamor es como si el emisor hubiera revelado una profecía divina y este se coloca en la cima de toda adoración, de toda alabanza. Realmente no habrá dicho nada más que tacos e insultos dirigidos a otro personaje para sembrar discordia. Eso debe de ser muy emocionante; es maravilloso que personas tan importantes para la ciencia y trascendentales para el progreso nos muestren tan tranquila, culta y educadamente sus problemas personales que tanto nos interesan y nos afectan porque son nuestro oxígeno. Sin la telebasura no podemos vivir. Ese es el mal español; el hecho de que miles de personas se queden pasmadas delante del televisor durante horas viendo cómo individuos que se creen importantes casi se tiran de los pelos. Al fin y al cabo eso es lo que fomentan: que discutir (no dialogar), meterse en la vida personal y privada de otras personas, pincharles para que exploten y se rebelen, que los malos modos y las malas maneras, están bien. Así es como erróneamente vamos camino de hacer en nuestra sociedad un Edén.

18.11.10
La ola de otoño
Ya se habían pasado las calurosas tardes del verano y el Sol se ponía sobre el horizonte varias horas antes en la tarde. Las hojas de los árboles perdían su color verde y se tornaban rojas, doradas, naranjas,…Los bosques mostraban sus mejores galas y el resultado era una escala cromática inimaginable. Las aves que emigraron al Norte para el estío volvían y traían con el batir de sus alas la mejor música y regalaban con su canto la mejor canción. Los paisajes eran impresionantes y más bellos que nunca. Sin duda, había llegado el otoño.

Lo que más amaba Damián eran los atardeceres otoñales. Era un joven solitario, amante dela Naturaleza y de todas sus formas de expresión, pero la que más soñaba, era la marina. Le encantaba el mar. Todas las tardes de todos los días del año se sentaba al borde de un acantilado a observar la puesta de Sol. Le parecía el espectáculo más bonito que podía contemplar el ojo humano.

Damián ya se encontraba lejos de la costa y estaba a punto de arrepentirse. No se podía imaginar lo que había hecho. Había robado, lo que le convertía en un auténtico delincuente. Su reputación estaba por los suelos. No se acostumbraba a pensar en cómo debía de ser sentirse uno de los individuos más odiados por la sociedad. A partir de ahora, era uno de ellos.
-No. No dejaré que las mezquinas leyes humanas me condenen. Ninguna pena que me puedan imponer supera a la pena que embarga mi alma. Dolor por haber dejado escapar al complemento de mi ser. Pero aún estoy a tiempo, todavía puedo encontrarla.

Entonces una ola gigante se le echó encima y se lo llevó hacia dentro en el mar ante los ojos atónitos del pescador y de los policías.


Lo que más amaba Damián eran los atardeceres otoñales. Era un joven solitario, amante de
Pero especialmente le gustaban los atardeceres del otoño donde él percibía, muchos otros aromas, muchos otros colores y formas que en cualquier otra estación. En la arena, el veía perlas doradas que refulgían a la luz suave de la tarde. En el agua, percibía ondas acuosas brillantes que se mezclaban entre sí y parecían bailar en una especie de danza. Y el astro solar, el dueño de los espacios, se mostraba imponente y encendido en la línea del infinito. Y bajaba, bajaba, y se escondía y el día daba paso a la noche Entonces era cuando Damián regresaba a casa, satisfecho de su visita al fin del día y soñador, soñador de esperar ver la contemplación de la vida por mucho tiempo.
***
Eran mediados de noviembre y ya se encontraba bien entrado el otoño. En las cantábricas peñas, las olas chocaban con fuerza contra las rocas y, dejaban tras de sí, largas coladas de espuma. Sentado en una de estas rocas, mirando el horizonte, estaba Damián, absorto en sus pensamientos y en la contemplación. Pensaba en el amor. Él nunca había tenido una mujer en su vida y, por supuesto, le gustaría tenerla. Pero no una cualquiera. Él quería una mujer especial, hija de las aguas y de la luz crepuscular, nacida en los lechos de coral, bella cual ninguna, de ojos azules y penetrantes, piel suave y rosada, deslizante como al seda. Un ángel del mar. Ese era el tipo de mujer que Damián soñaba para él.

Tan sumido estaba en su propia mente que casi no se dio cuenta de que la noche había llegado. Pero ese día, Damián no quería irse a casa. Pensaba que si se quedaba allí toda la noche, el hada de sus sueños aparecería y le declararía su amor. Así que buscó un lugar donde poder recostarse para dormir y esperar el emerger a la superficie de su amada. Encontró una especie de lecho sobre unos matorrales que crecían en la arena al lado de una roca. No resultaba muy cómodo pero sería suficiente. Apoyó la cabeza sobre la roca y se durmió.
***
***
Habían pasado unas horas desde que se había rendido al sueño cuando de repente se despertó sobresaltado. Le había parecido oír, entre sueños, una voz cálida, suave, dulce, melodiosa, cercana y confundida con el sonido de las olas. Era la voz de una mujer; de la mujer soñada. Se levantó y corrió al
acantilado. Desplegó su visión a lo largo de la playa pero la oscuridad de la noche le impedía ver más allá de donde había estado durmiendo así que bajó del acantilado y corrió por la arena palpando cada montículo y cada planta. Esperaba toparse con una sensación templada, acogedora, dócil, blanda y resbaladiza que le indicara que había hallado la mano de agua de su amada. Alcanzó la playa contigua y continuó haciendo lo mismo largo rato. No encontró nada. No encontró a nadie. Estaba desesperado y triste y se tumbó en la arena con los brazos en cruz.
acantilado. Desplegó su visión a lo largo de la playa pero la oscuridad de la noche le impedía ver más allá de donde había estado durmiendo así que bajó del acantilado y corrió por la arena palpando cada montículo y cada planta. Esperaba toparse con una sensación templada, acogedora, dócil, blanda y resbaladiza que le indicara que había hallado la mano de agua de su amada. Alcanzó la playa contigua y continuó haciendo lo mismo largo rato. No encontró nada. No encontró a nadie. Estaba desesperado y triste y se tumbó en la arena con los brazos en cruz.***
-¡Dios mío! ¡Qué estoy haciendo! Yo, el hombre más pacífico, soñador y solitario de estas tierras,….he cometido tal atrocidad….- decía Damián sentado en la popa del barco.
Efectivamente, había robado una embarcación. Cuando despertó en la playa vio a lo lejos un barco y se dirigió hacia él. Era pesquero pero no había un solo tripulante. Buscó a su dueño. Allá, sobre las rocas, vio a un hombre que expiaba las aguas. En un arrebato de furia y desesperación por no haber dado con su náyade, subió al barco y navegó mar adentro. El pobre pescador había bajado de las rocas y se encontraba en la orilla dando gritos:
-¡Cómo osas robarme el barco! ¡Eres un ladrón, un delincuente! Ya volverás ya. Y cuando vuelvas te estaré esperando aquí con toda la tropa de generales del pueblo. ¡A la cárcel irás! ¡A la cárcel!- dijo el desconsolado hombre.
Damián ya se encontraba lejos de la costa y estaba a punto de arrepentirse. No se podía imaginar lo que había hecho. Había robado, lo que le convertía en un auténtico delincuente. Su reputación estaba por los suelos. No se acostumbraba a pensar en cómo debía de ser sentirse uno de los individuos más odiados por la sociedad. A partir de ahora, era uno de ellos.-No. No dejaré que las mezquinas leyes humanas me condenen. Ninguna pena que me puedan imponer supera a la pena que embarga mi alma. Dolor por haber dejado escapar al complemento de mi ser. Pero aún estoy a tiempo, todavía puedo encontrarla.
Damián sentía cómo su desprecio a la sociedad y a lo mundano iba aumentando. Ni siquiera sabía a donde se dirigía, lo único que tenía en mente era hallar a su amada. Buscaba entre las olas, intentaba vislumbrar el fondo entre las negras aguas, pero no veía nada. Y…tampoco oía nada. Definitivamente, se le había escapado. No escuchaba su cálida voz, no veía su cimbreante figura en el océano. Sintió como si le echaran una losa encima. La tristeza, la pena, la insatisfacción, la desesperación, la infelicidad…. Todo cayó sobre él. No pudo contenerse, echó a llorar cual niño al que se le quita un juguete de las manos. Y el día lloraba también, pues había empezado a llover. Los espesos nubarrones negros poblaban el cielo y parecía que presagiaban el fin del mundo. Finalmente, un relámpago cegador acompañado del estrepitoso rugir de un trueno, dio paso a la tormenta. Damián vio como enormes olas se abalanzaban sobre el barco. Ya no pudo ver nada más.

***
A la mañana siguiente despertó echado sobre la arena de una playa. No sabía donde estaba. Estuvo un tiempo errando por la orilla hasta que al final le pareció reconocer la silueta del acantilado desde donde veía los atardeceres. Debajo se dibujaban grandes rocas rodeadas de plantas. ¡Eran las rocas sobre las que había dormido la otra noche! La tormenta, la furia de las olas y el fuerte viento le habían devuelto a la costa de Cantabria. A lo lejos, vio los restos despedazados del pesquero en el mar. Las aguas los traían hacia la orilla. De repente, le pareció oír la voz de una mujer. Se acercó tímidamente al lugar del que provenía. De nuevo la volvió a escuchar. Esta vez echó a correr como un loco hacia las rocas. Detrás de la roca que le había servido de lecho, había una cavidad. Observó cómo se acercaba una gran ola y penetraba en ella. El agua jugueteaba por todos los huecos y agujeros de la roca y cuando salía, su burbujeante espuma salpicaba por los recovecos y la ola era devuelta al mar. Ese murmullo de agua le había parecido la voz escurridiza de su ángel. Pasaron unos minutos hasta que lo volvió a escuchar pues sólo las olas grandes tenían fuerza para arrastrarse por la orilla hasta llegar a las rocas. Las pequeñas no podían acercarse.
-De modo que ese era el motivo por el que sólo la escuché una vez la otra noche…. ¡porque apareció una repentina ola de tal magnitud! Y ninguna más… ¡Oh! Si hubiera esperado hasta volver a oír su voz, me habría desengañado desde el principio, habría sabido que mi amada, en realidad, ¡era una ola! ¡Maldita sea! La esperanza que inundó mi corazón y toda la ilusión que figuró mi alma se han desvanecido, han muerto y ya no volverán a la vida…mi alma hecha presa del dolor y del llanto…mi pobre corazón desengañado y roto…mueren…..se les va la esencia de la existencia….
Damián, loco de rabia y dolorido, se arrastró hasta el borde del acantilado. La tormenta amenazaba de nuevo.
-¡Oh, vida! ¿Qué propósito tienes?...hundir mi existencia….una existencia tan cruel….imaginar una realidad es la salvación de los hombres….pero la verdadera realidad acaba ganando en este estúpido juego de lo real y lo irreal…Sublevarse, eso es lo único que uno puede hacer,…si no te revelas contra la vida no consigues nada…
En ese momento aparecía por detrás del acantilado el pescador, pero no venía solo. Como había prometido, le iba a esperar, y le iba a esperar con los guardias que le pondrían entre rejas para el resto de sus días.
-¡No! ¡Las leyes mundanas, materialistas, no me atraparán, porque no podrán cercar mi libertad de vivir en mi propio mundo!
Entonces una ola gigante se le echó encima y se lo llevó hacia dentro en el mar ante los ojos atónitos del pescador y de los policías.***
Dicen que el atardecer de ese día fue el más bonito en mucho tiempo. El Sol, como una gran esfera incandescente, bañaba las aguas del mar de oro puro, sus rayos de luz, rasgaban las nubes purpúreas del crepúsculo y el cielo, una mezcla confusa de rojo, naranja y azul, perecía hecho sobre un lienzo.

13.11.10
Simples momentos.
La vida posee magia, cada paso que des te asegurara que quedara marcado en tu memoria, habrá momentos que no podremos olvidar ya sean buenos o malos, pero no podemos cegarnos con borrarlos, porque se instalan en la memoria, para quedarse, y hacer de nuestras vidas algo mas interesante, que una simple rutina, mi vida es algo mas especial de lo que alguna vez quise creer, tan misteriosa, y con tantos secretos, emociones, y tristezas, que no podría olvidarme de cada cosa que he realizado.
12.11.10
El fantasma del lago.
Entre los árboles del Moncayo, vivía escondido de la sociedad, Leo Gravia. Era un hombre que vivía sin normas, al margen de todo y de todos. Vivía de lo que robaba en los pequeños comercios y en las grandes casas del pueblo. Le gustaba pasar tiempo solo en un lago al lado de su refugio, el lago Orfeo. Era un hombre bastante solitario.
Un día estando en el lago Orfeo, consiguió distinguir un resplandor justo al otro lado del lago. Se preguntó lo que podía ser, o quién podía ser. Así que invadido de impaciencia, de saber lo que era aquel extraño brillo, corrió a rodear el lado. Cuando se fue acercando distinguió a una mujer, una mujer que vestía un largo y blanco vestido que brillaba a ala luz del sol, tenía una melena rubia como el oro, larga y ondulada. A la vez que se iba a cercando, Leo, iba fijándose cada vez mas en lo hermosa que era. Su piel era muy pálida y tenía unos ojos azules como el cielo. tenia unos rasgos angelicales, una piel perfecta. Era lo más parecido a un ángel que podía haber visto en su vida. Esta seguro de que jamás había visto ni vería a una mujer tan bella como aquella.Cuando leo llegó donde estaba esa mujer se quedó mudo, no se podía mover, de cerca era muchísimo más bella. Consiguió balbucear unas palabras.
-¿Quién eres tú? -Leo no pudo decir nada más-.
-Soy Esme - la mujer contestó sin ni siquiera mirar a leo, seguía mirando al fondo de aquel lago-.
-Yo soy leo, ¿de donde vienes? -Seguía atónito-.
-Yo vivo aquí, en este lago -seguía sin mirarle-.
-¿Y como es que nunca te he visto?
- Vivo en el fondo del agua del agua, en lo más profundo de este lago, te he estado observando durante mucho tiempo, y hoy he decidido salir a buscarte -por primera ver aquella mujer fijó sus ojos azules en los de Leo-.
Pasaron horas, días hablando, Leo se enamoró completamente de Esme. No podía pensar en nadie más, Esme se había convertido en todo lo que nunca hubiera deseado. Pero Leo, siguió robando, viviendo a costa de las personas y haciendo daño a los demás, atacando a la sociedad. Disfrutaba de su vida como era, no la cambiaría.
Durante un tiempo Leo y Esme se siguieron viendo todas las tarde en el lago Orfeo, se convirtió en un sitio especial para los dos. Leo se enamoro locamente de ella, sabia que era un amor tan perfecto como imposible pero no lo podía evitar, la amaba y ella se había convertido en su vida.
Un día como otro cualquiera en el lago…
-Esme, quiero que sepas que te has convertido en todo lo que tengo y quiero compartir el resto de mi vida contigo.-Leo, sabes que eso no es posible, yo vivo dentro de esta agua, yo soy imposible. -los ojos de Esme brillaban ese día mas que nunca, parecía un ángel. Leo se acercó a ella dispuesto a besarla por primera vez, cuando ella echó un paso atrás- Leo ¿no estas arrepentido de todo lo que has hecho?, ¿de todo lo que has hecho sufrir a las demás personas? ¿De todas las normas que has roto?
-¿Qué? ¿A que viene eso ahora? No, me gusta mi vida, y como soy, me gusta todo lo que hay en ella, incluido tu. No voy a cambiarla por nada.
-¿Estás realmente seguro de todo lo que dices?
-Si, claro que si. No he estado mas seguro nunca de nada, igual que estoy seguro de que te amo.
Después de decir esto, Leo echó un paso adelante. Dispuesto a besarla, intentarlo de nuevo. En el momento en que se sus labios se rozaron, el lago Orfeo quedó vacío, y un enorme agujero se abrió en la tierra, un agujero a los infiernos. Esme ya no era aquella mujer angelical de ojos azueles, sus ojos eran ahora negros, como el carbón. Esme cogió a Leo de la mano, y se lo llevó a los infiernos.
11.11.10
Bienvenidos
Este blog pertenece a Lorena Escudero, Cynthia Clavería y Esther Martín de 4ºC. Poco a poco, iremos subiendo nuevas cosas y haremos otras entradas. Esperamos que lo disfrutéis.
Aprovecho también para comentar el título.
Antes de la tormenta....
Todas las cosas en la vida han de realizarse por iniciativa propia, pensando en lo que será mejor para uno mismo, pero teniendo en cuenta que tu decisión puede cambiar lo que venga después. El tiempo brinda oportunidades para rectificar, para cambiar las cosas, pero estas deben de ser escogidas sabiamente, es decir, se ha de pensar dos veces antes de actuar pues puede que tu decisión sea errónea, y, es cierto que sólo de los errores se aprende pero igual de cierto es que es mejor prevenir que curar. Así, tras cometer un fallo, podrás rectificar, darte cuenta de que elegiste mal y que todo estaba mucho mejor antes de la tormenta...
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